8 may. 2011

Misión (Parte 3)

[que mis ruidos no perturben tus señales]

Por algo la fraternidad de misioneros universitarios y profesionistas se mantiene presente, siendo la más animosa en toda clase de canciones misioneras en el largo viaje a causa del lento transporte que sube con cautela las pendientes de la carretera libre a Mazatlan. Los rostros desvelados y cansados de los niños de quince que llegaron algo molidos, contra nuestra "juventud" y vida eran un delicioso contraste, nos daba confianza, para demostrar que aún teníamos mucho que dar en misión.

Siempre es la prisa de llegar a Misa, estacionarnos en un estadio donde sólo había menos de 10 autobuses, que triste si lo comparas contra las decenas y decenas de otros años, seriamos éste año veinticuatro las fraternidades presentes en la misa de envío, otras nueve al parecer se habían dirigido directo a sus pueblos. Era un orgullo tocar la misa de envío y clausura, el escenario dispuesto al tamaño y a la solemnidad del evento, sería la catedral de El Salto el escenario de tan emocionantes oficios.

Dado que dos de nuestros mejores voces e instrumentos eran también pastoralistas, tuve el honor de pasar a la consagración, honor que después me hizo derramar algunas lagrimas durante la comunión, me sentí sumamente feliz, de además de las circunstancias seguir vivo y estar allí después de tantas dificultades, en ese momento me olvide de todo, hasta de las dos llamadas que había recibido mientras viajábamos de Durango a El Salto de mi trabajo, para preguntarme un par de cosas.

Salimos sin tanta prisa, los hermanos presionaban un poco nuestra salida, no se, si por llegar rápido con las comunidades que nos esperaban, o por la envidia de que todas las fraternidades misioneras pertenecían a los grupos no vinculados, que por tanto tiempo discriminaron de la misión de semana santa. Salimos después de que el coro acomodara sus cosas y arreglara sus clásicos problemas intrafraternales, suelen romperse algunas medias de vez en cuando.

Caminábamos rumbo a los camiones y caminando a lado del buen Chito y de una chava nueva llamada Ale (De las mil Ales que hubo, hay y habrá) y de todas las veces que he estado cerca de morir, ésta hubiera sido la que me hubiera llevado con mayor seguridad a un buen lugar del cielo, pues casi nos atropella la X-Trail del obispo. Creo que si ciertas personas hubieran observado la escena, se habrían lamentado del hecho de que no se sucediera (le exagero, pero es que me causa tanto impacto del odio popular muy bien justificado en algunos casos).

Salimos y después de que chito decidiera seguir las indicaciones de un voluntario y de seguir a una fraternidad que salía antes, tomamos un camino que iba a Puentecillas y que después de seguir media hora, conminé a Chito, a preguntar a unos choferes de trocero que estaban a la orilla para que nos indicaran el camino, perdimos unos cuarenta minutos en salir de El Salto, y tome la dirección del autobús, así que nos fuimos por la autopista.

Después de aproximadamente hora y media de viaje, llegamos al entronque a Otinapa, geniales caminos, donde poco a poco se respira sierra, llegando a Otinapa decidimos ir gritando "Cristo Vive", en todos los pueblos visitados en otros tiempos, empezamos allí donde hace cuatro años te me pusiste algo rebelde, junto con casi todos tus fraternos, que buenos recuerdos, pero en fin. seguimos, Santa Cruz de San Javier, Gonzalez Ortega, La Luz, todos esos visitados en semana santa o verano. La carretera terminó en un pueblo chiquito llamado rodriguez puebla, puedes creer que aún no se termina una carretera de menos de cincuenta kilometros, que empezó hace cinco años... ya ves como se van inaugurando cada kilometro que construyen, seguimos la brecha, que sin mucha dificultad y después de un buen rato, nos condujo hasta Ignacio Zaragoza Durango.

Decidí que entráramos al pueblo a preguntar, ya que se veían al menos unos tres entronques a la salida del pueblo, finalmente nos dirigieron al lugar indicado para seguir a San Diego de Alcalá, después de preguntar en varias casas y de que yo persiguiera un burro (casualidad y sin connotaciones mujer) iniciamos un descenso pronunciado, por un arroyo que en tiempo de agua es amplísimo, una hora aproximadamente para bajar lentamente y cruzar por vados el arroyo, finalmente llegamos a San Diego, al entrar preguntamos por la capilla y rápidamente nos lo indicaron, unas cartulinas anunciaban la palabra "bienvenidos", y al detener el camión había señoras con comida para ofrecernos, al tiempo que el Padre tocaba animosamente las campanas.

Solo me despedí con una mirada, de quien se quedaba allí con algunos de mis sueños.




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