3 may. 2011

Misión (Parte 2)

Sería la décima misión la que por primera vez me llevaría a romper por cincuenta minutos la puntualidad a la que a esas citas suelo acudir a tiempo. Llegué con el animo y la expectativa de poder fundirme en la calidez del animo misionero, creía yo que mis antecedentes me permitirían un trato cordial con la gente salvo sus claras excepciones.

De los cuarenta y siete valientes en seis fraternidades, llevaríamos unos diez nuevos a los cuales jamás había visto, fuera de eso van esas ligeras incomodas historias que enrarecían el ambiente. La coordinadora de la fraternidad uno fue una mujer a la que amé desde la distancia hasta el cansancio, la liberé de mi yugo y me regalo el odio que su orgullo le enseñó, triste es que su cambio conmigo empezó por razones más biológicas cuando unas caprichosas hormonas empezaron a escasear en su cuerpo y ahora parece que la han afectado como para sentir atracción por unas manos como las de ella... Te lo cuento porque para ella dejó de ser íntima esa información hace tiempo. Y porque aquí, quizá solo aquí puedo desnudar el alma a placer.

La fraternidad dos era donde se encuentra la mujer que solo conociendo el amor viril por alguien que viste de blanco y que además de entradas tiene ya salidas, es quien alguna vez no quise revelar su nombre después de un desayuno en ciertos flores y frutos, pero que apetece además de curar su ego y un par de pacientes, de probar activamente placeres que de pasivos como él discurren de un amargado cinismo por la verdad... Nada tengo contra quien expresa su gusto o necesidad de afecto o placer de la forma XY es a XY o XX es a XX. Pero él enerva mi conciencia, porque pretende aparentar con damas guapas como es ésta damisela, sus valores cristianos, eso si me da asco. No se porque ella pudiera odiarme, quizá si el destino nunca quiso que fuéramos amigos, fue el capricho del camino el que pudiera hacerme llamarle 'socia', que me queda más que reírme de tal situación tan desconcertante.

En la fraternidad tres se encuentra aquel ex que esa mujer tenía cuando nuestras bocas se toparon una noche... cierto es que el karma (por llamarlo de algún modo) de hacer que una mujer rompa su compromiso por mi, que aunque efímero, mediocre y con más calificativos, me he dado cuenta que pagué con creces como justo pago a mi fechoría... Perdí a un conocido que con justa razón me odia un poco. Aunque en mi defensa puedo decir que hasta el último día luche por esa mujer, para tomarla de la mano lo que me quedara de vida, sabiendo que no era perfecta, sabiendo tanto, sin embargo todo se paga y lo he comprendido a tiempo... Ninguna mujer que valga la pena, romperá su orgullo y su prejuicio para abandonar a quien (mal o bien) la acompañe aún por el mejor de los príncipes, mucho menos por el más humilde de los poetas desconocido. Algún día te confesaré como aplica eso con nuestro caso...

Allí con el ésta la mujer del libro, hablo de ella (si tu vanidad fuera mucha ad propositum pertinere y no quieres leer lo que hay que decir de ella salta al siguiente párrafo) porque la atracción magnética que nos causamos es un tanto mal vista por los demás siendo que puedo hablar con ella de lo que sea sin el miedo de hacerla infiel, porque de serlo nos decepcionaríamos mutuamente y ambos cuidamos ser una dama y un caballero por si alguna vez nos toca amarnos sea de la forma más lícita y sin culpabilidad.

En la fraternidad cuatro está precisamente el improvisado compañero de ella, un hombre fuerte y no tan alto, intelectualmente es de los que después de estudiar mucho saca un decoroso ocho, creo que tardará unos seis años en sacar su ingeniería en el tecnológico, tiene una ligera discapacidad para hablar, el día que lo conocí el llegó y se presentó conmigo, creo que en menos de cuarenta y cinco minutos solo me falto absolverlo, pues ya me había confesado su vida y más datos que realmente ya no recuerdo porque me decepcionaron al usar mi labia para cosas ordinarias, es un buen chico. Me odia. En mi presencia le hacía un marcaje personal a su dama de una forma que todo el grupo lo notaba, no fuera que corriera a mis brazos... ja.

En la fraternidad cinco todos me amaban, porque no me conocían, salvo coordinadora y pastoralista que me respetan o me tienen miedo no se.

En la fraternidad seis la de universitarios, eran cinco personas, entre ellas, la mejor novia ( de esas oficiales y formales) que he tenido; que desde el día que me cortó hace ya poco mas de tres años y hasta el jueves santo me mantendría en una ley del hielo tan interesante, tan digna de una novela de esas feministas que tu conoces más que yo, ya te platicaré luego como fueron tantas cosas.

Esas horas previas al viaje, me sentía literalmente fuera de lugar, no tenía prácticamente a donde moverme, era extraño. El grupo del que soy uno de los dos integrantes con más "misiones" (No lo digo para vanagloriarme sino para indicar antigüedad) me fuera tan ajeno, era raro.

Subir maletas, viajar a El Salto... prometo ir más rápido con mis relatos.


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