5 feb. 2011

Lo mejor y lo peor son las noches.

Lo mejor y lo peor son las noches, en la oscuridad es cuando te extraño, aunque es tonto extrañar algo que jamás se ha tenido, yo te extraño, quizá porque cada paso al lado contrario y sentir que me alejo un poco cada día es lo que duele, lo que acaba. Lo peor es ver la luna que siempre me pone un poco triste y un poco más cuando las nubes la ocultan, Lo mejor son las estrellas, que me recuerdan mis sueños y me cobijan por las noches frías.

Lo mejor de las noches es cuando despierto con el sueño fresco, y puedo recordar unos segundos que estabas allí, cada día lo que deba doler duele menos, aún me hace sonreír ese idilio nocturno, donde protagonizas un cuento, que no es mío ni tuyo, lo mejor es el sueño. Lo peor de las noches, es cuando aún cansado no consigo conciliarlo, cuando Morfeo se niega a bendecirme con su visita, cuando recorro de tantas vueltas los mismos pensamientos, ese eterno forcejeo, entre la supervivencia mediocre y el desgastado sueño, entre una vida hueca y vacía y una muerte poética.

Lo menos peor de la noche, son las dudas, porque las dudas son la causa de la sabiduría junto con la curiosidad de buscar lo mejor, las dudas son piezas de crecimiento, para el cerebro y para el corazón. Amo las dudas porque me hacen mejor. Lo peor de las noche son las verdades, las que gritan con la autoridad que da el casi absoluto, las que me recuerdan donde estoy parado, las que deprimen, las que cansan, las que no deseo creer, pero siempre creo. Las verdades que me dicen todo lo que siento, me lo dibujan como el escenario de guerra, como en el bunker de Berlin hace unas décadas, pero todavía lo miro con esperanza, mientras me tomo el cianuro con la banalidad del mundo.

Los días parecen distraer de todo, hasta logro sonreír sabiendo que hay un paso que seguir, que hay actividades, que hay obligaciones, es genial como me engaño de lo trascendente, como busco menos tiempo libre, como cuando lo tengo, aumento la velocidad al entrenar el cuerpo, como si el esfuerzo pudiera sempiternamente hacerme olvidar lo que cada día me devora un poco más. Los días me dan la ansiedad de hacer más y más cosas, últimamente valores monetarios, para pagar o ahorrar cosas de las que poco me llenan.
Sin embargo, esa ansiedad que llega cuando me da sueño, esa ansiedad de pensarte, de escribirte o de imaginar, o de soñar despierto, esa intención de buscarte, de tratar de sintonizar mi alma con la tuya, son las que no se evitan cuando ya estoy recostado en mi cuarto, mirando el techo, o las pocas estrellas que se ven desde mi ventana. Hoy solo juego, sigo la inercia de mis pasos, no puedo tomar muchas cosas en serio, camino, arriesgo mi vida solo por hacerlo, pero quizá sea bueno hacer como tu y fingir que nada pasa, que nada trasciende las fronteras de mi alma, fingir con la esperanza de que el fuego de mis adentros, se apague antes, que mi cuerpo y mi ser, ardan completos. Hoy parezco risueño, hoy no soy poeta, ni siquiera hombre, soy un espantapajaros que camina por la inercia, que hace... lo que al mundo le parezca.


- o -

El poeta se asomó a un balcón, miro las estrellas, tuvo mucho frío, trato de arrancarse el corazón, lo intentó tantas y tantas veces pero no lo logró, se metió llorando a su habitación en silencio, para que nadie lo descubriera, y entre lagrimas al fin se durmió

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