12 ene. 2011

No digas nada, que nos están mirando

Si no es tu clan, es tu conciencia, si no el mundo que te atormenta.

Creía que sólo en otras cuestiones mas corporales podias hacerme repetir en segundos un idilio de amor y veme, soltando apenas la pluma me llega otra idea, otra inspiración tan fuerte como para dejarla en un borrador para más tarde, ya casi nada le dejas a Emilia, cuya sinceridad le aburriría las cartas que le escribo.

Como si con su ignominiosa actitud, fuera peor que la sana duda, que nos permite aprender de las cosas, aunque las tomemos o las rechacemos, como si fuera un escándalo el pretender, el pensar, el juzgar, como si los demás pudieran entrar en nuestro corazón o visitar nuestra alma para juzgarnos y entretenernos, que nadie se eche a suerte tus destinos aunque no me favorezcan, porque hace mucho que tiré la idea de amar solo por poseerte, ignora lo que debas ignorar, discrimina a quien te discrimine, piérdete de todos, pero no de ti misma.

No me preguntes porque escribo, es otra de esas malditas impresiones o intuiciones en las que quizá siempre fallo, pero es al tiempo de preferir tu esencia, por una sola razón, porque así eres hermosa, así trato de llenar con amor tu libertad, así me dejo conquistar y así profiero tus rimas, véndeme a mi primero, vende mis versos tuyos al primero que pase, pero jamás te sientas obligada a permanecer en algo que no quieras ser.

Y si quieres un día compartir tu esencia conmigo gustoso me compartiré contigo, porque juntos no seriamos dos que tratan de viajar un camino sin herirse, porque hace mucho que estudio el mapa de tu alma y hace mucho que te comparto la mía, sin el ego de la competencia, con sólo el amor para que juntos derrotamos al mundo, que nos juzgue, te ofrezco ser tu aliento, consentir tus mejores y peores deseos que también y desde hace mucho son los míos, date un segundo para creer en mi, sueña un minuto y quizá un día como yo decidas no querer dejar de soñar.

Te quiero.

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