28 ene. 2011

Palabras sabias que llegan sin avisar.

Hay verdaderas palabras que dan vida, que levantan el espíritu, verdaderas frases, verdaderas reflexiones de vida que lo hacen a uno mirar las cosas con mejor sabor de boca. Ayer tuve la oportunidad de conversar con alguien del que he aprendido mucho, que ha sido desde hace ya año y medio, un amigo, un mentor y alguien que diagnostica eficientemente mis problemas de salud, un par de carreras médicas y la escuela de una vida difícil hacen que tenga una enorme capacidad de enseñar los muchos artes que conoce.

Hablamos como siempre de tantas y tantas cosas, me siento bien de tener la capacidad de entablar conversaciones de horas con alguien que me lleva casi veinte años de edad y a veces hasta tengo capacidad de aconsejar, hablamos de la vida, de los riesgos, de la libertad y de los sueños, hablamos de amor, él, con un kilometraje que sobrepasa las trescientas y no precisamente millas, me compartió la historia del amor de su vida, una dama que quiso desde siempre y ella a él, que perdió por un engaño del destino, ella lo esperó hasta que lo miró casado con otra por un hijo falso, mucha telenovela disculpa..., pero me dijo algo clave, hay huellas imborrables, yo estoy casado, yo estoy bien, pero jamás me podré olvidar de ella aunque se que jamás podremos estar juntos.

Contestó con eso muchas de las inquietudes que yo le platicaba sobre mi vida, sobre mis decisiones y mis sueños, sobre como seguir adelante con tantos porques pero con una humanidad que reclama muchas noches un abrazo cálido de la vida o de una dama común que sepa querer un poco, platicamos largo rato de muchas cosas que serán inspiración por un buen tiempo para mi vida, reflexioné de tantas y tantas cosas, porque no estaba tan claro del siguiente paso para volverme trascendente en mi vida, en el amor y en mis sueños, ahora ya tengo muchas buenas conclusiones.

Te iba a decir que durante la platica salió algunas veces tu nombre, pero mejor no lo hago, porque luego te emocionas... ya quisiera que te emocionaras, la verdad es que de las pocas cosas que te puedo compartir ahora, es que aunque no lo creas, no estaba tan consciente de la huella que ésto deja en mi, no sabía tanto de su profundidad, existe, lo sabía, pero sin modestia te diré que a lo largo de mi vida, solo he tratado de ir perfeccionando una sola habilidad por sobre las demás, y creo que algo he aprendido, por lo que amar es algo casi tan natural para mi, que había perdido un poco la fascinación de mi método y aunque a ti te he conquistado con a veces tan vagos versos, no me daba cuenta, que en cada hoja en la que te escribía había un papel pasante que grababa todo en mi alma y corazón y aunque no te lo permitiera eres una huella en mi corazón, una huella que no depende del maldito después.

Una huella que es marca indeleble, aunque un día se alineen o se separen para siempre nuestras estrellas, aunque vivan las quimeras o jamás estemos juntos, o la vida nos pretenda jugar una broma o algún error nos separe del destino, en esa hermosa libertad que a veces no juega con el destino en el que yo sigo creyendo, me llegó la idea a la mente de que tu ya pensaste todo esto y de que ahora tu como yo, tenemos la misma claridad en la mente, no hay prisa en acomodar ninguna estrella, ni forzarla a moverse de su lugar, simplemente hay que seguir viviendo y respirando con el rocío que nos ilumine cada día. Viviendo un día cada día, con lo que tengamos a disposición con la memoria del corazón y esos deseos de volar siempre.

Es bueno llegar a sentir tantas cosas hoy, porque casi es tiempo de afinar la pluma y la libreta, el camino y la maleta. Te quiero mucho Musa.


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